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viernes, 10 de abril de 2020

UVEITIS Y GLAUCOMA POR HEMOPARÁSITOS

Uveítis y glaucoma asociados a infección por Hepatozoon canis: reporte de un caso 

Resumen
Se expone el caso de un perro Pastor Alemán de cinco años y medio de edad, el cual presentó uveítis anterior en ojo izquierdo que luego le condujo a glaucoma y úlcera corneal. En el examen clínico se encontró un paciente con baja condición corporal, debilidad muscular, además de un pelaje opaco y quebradizo, con sintomatología inespecífica. Tanto en el hemograma como en los extendidos sanguíneos se encontraron gamontes de Hepatozoon canis en sangre y humor acuoso. Se discute su diagnóstico, tratamiento y evolución.
Palabras clave: glaucoma, Hepatozoon canis, Rhipicephalus sanguineus. uveítis.

Introducción
La hepatozoonosis en caninos es una enfermedad de distribución mundial que se presenta con mayor prevalencia en zonas rurales. Dicha enfermedad es producida por un protozoario del Phylum Apicomplexa, género Hepatozoon, especie canis (Aguiar et al, 2004; Baneth et al, 2003; Stades et al, 1999). Además del perro, este protozoo infecta otros mamíferos como el zorro, el coyote, el chacal, la hiena, y el leopardo (Mateus et al, 2007; Stades et al, 1999).
El Hepatozoon canis se trasmite a través de la ingestión de garrapatas del género Rhipicephalus sanguineus contaminadas con oocistos maduros de Hepatozoon canis. Hasta el momento no hay documentación acerca de la transmisión a través de la saliva de la garrapata (Aguiar et al, 2004; Allen et al, 2008). En el perro la enfermedad en muchos casos es asintomática aunque puede producir grados variables de inflamación granulomatosa en varios órganos, principalmente en los músculos, lo que conlleva a anorexia, pérdida de peso, debilidad, diarrea y descarga ocular (Allen et al, 2008; O'Dwyer et al, 2006; Eiras et al, 2007; Mundim et al, 2008).
En el presente artículo se describe el caso de un paciente canino el cual presentó uveítis anterior en el ojo izquierdo y desarrolló posteriormente un glaucoma. Presentó signos clínicos característicos de una infección con sintomatología asociada al Hepatozoon canis, hemoparásito que fue aislado de la sangre y del humor acuoso del paciente.

Evaluación del paciente
Reseña
Perro de raza Pastor Alemán, macho de cinco años y medio de edad, con un peso de 31 kg con plan de vacunación y desparasitación vigente. Desde hace cuatro años vive en zona rural, región del oriente antioqueño, Colombia.
Anamnesis
El motivo por el cual el paciente fue llevado a consulta es que los propietarios observaron que el perro tenía pérdida progresiva de la visión en el ojo izquierdo desde aproximadamente una semana, con secreción purulenta y manifestación de mucho dolor. Se le administraron colirios antibióticos a base de gentamicina, dexametasona y lidocaína, pero no se presentó mejoría.
Desde hace varios meses ha perdido peso, ha presentando poco apetito, decaimiento y con severa caída del pelo. Hace un año, el paciente había perdido la visión del ojo derecho después de un trauma.

Hallazgos al examen físico
A la evaluación clínica se encontró un paciente temeroso pero con marcada ansiedad. Mucosas ocular y oral hiperémicas, jadeo (50 rpm), pulso fuerte y con 110 ppm, frecuencia cardiaca de 110 lpm, temperatura de 39.5 ºC, tiempo de llenado capilar de 2 segundos; pelaje opaco, baja condición corporal (3/9), dificultad al desplazamiento y para reconocer objetos y su entorno (Tabla 1).

Se realizó el examen clínico neurológico el cual ocular; abundante secreción mucopuralenta, edema no se evidenció ninguna alteración. Sin embargo, corneal, episcleritis y quemosis (Figuras 1 y 2). A en el examen clínico oftalmológico se encontró la la prueba de obstáculos se golpea contra todo y pupila miótica, un marcado blefarospasmo y dolor presentó reflejo de amenaza negativo.

En una segunda evaluación oftalmológica, cuatro días después de la primera, se observó buftalmia con una presión intraocular de 67 mm Hg valor muy aumentado según los rangos de referencia los cuales fluctúan entre 15 a 20 mm/ hg para el tonómetro de Schiotz, confirmando el diagnóstico de glaucoma, además se encontró hifema generalizado y úlcera corneal superficial del 50% de la totalidad corneal.
Ayudas diagnósticas
Se realizaron exámenes paraclínicos rutinarios como hemograma (Tabla 2), creatinina y ALT (Tabla 3) además de uroanálisis (Tabla 4) para descartar una enfermedad sistémica de una enfermedad ocular primaria, que pudiese ser la causa de la uveítis, entre ellas, una hipertensión secundaria a una insuficiencia renal aguda o una vasculitis por hemoparásitos como la Erlichia canis, bacterias como la leptospira u otro parásito como el Onchocerca sp.
En los exámenes de química sanguínea y en el citoquimico de orina no se encontraron hallazgos significativos que pudieran sugerir algún tipo de alteración (Tablas 1, 2 y 3). Mientras que en el hemograma se observó una leve leucocitosis con linfocitosis y eosinofília moderada.

Se revisa el paciente nuevamente a los 10 días encontrando mejoría en cuanto al glaucoma, además muestra una reducción notable del dolor y de la presión intraocular, pero con una evidente pérdida de la visión, lo cual orienta el diagnóstico hacia una posible degeneración retiniana y del nervio óptico que puede afectar hasta un 100% la capacidad visual.
Se recomendó a los propietarios hospitalizar al paciente y no trasladarlo a la finca, para tenerlo bajo observación, dada la condición médica en que este se encontraba. Infortunadamente, a pesar de todas las alternativas terapéuticas y de manejo que se le ofrecieron a los propietarios para mantener la calidad de vida del paciente, ellos decidieron llevarlo a otra clínica para aplicarle la eutanasia, pues no estaban dispuestos a continuar con la terapia médica por razones económicas y porque el animal no podía cumplir con el fin zootécnico para el cual lo tenían.

Discusión
La hepatozoonosis es una enfermedad de difícil diagnóstico (Jonson et al, 2008; Li et al, 2008; Swing et al, 2003) debido a que los signos clínicos son muy diversos e inespecíficos, causando desde náuseas, decaimiento, uveítis, cefaleas e inclusive hasta claudicaciones de leves a severas sin motivo aparente (Ettinger et al, 2005). Los exámenes rutinarios de laboratorio no arrojan resultados particulares que puedan orientar hacia el diagnóstico de esta enfermedad (Li et al, 2008).
El método rutinario de laboratorio más efectivo para el diagnóstico de esta patología es por medio de un extendido de sangre periférica, en el cual se puede lograr la visualización de los gamontes (Mateus et al, 2007), aunque esto es complicado, debido a que las células afectadas pueden ser una o dos por cada 1000 leucocitos (Aguiar et al, 2004; Matjila et al, 2008), lo que hace que sea extremadamente difícil su visualización y pueda ocasionar que se produzcan muchos falsos negativos.
Debido a esto, los métodos diagnósticos ideales para confirmar o descartar esta enfermedad son el PCR, ELISA, Inmunofluorescencia Indirecta o Wester Blood, (Aguiar et al, 2004; Mateus et al, 2007) pero los altos costos de este tipo de pruebas, sumados a la inespecificidad de los signos y los pocos reportes de esta patología en nuestro medio no han favorecido su utilización en la práctica clínica (Matjila et al, 2008). En este caso no se encontró la posibilidad de realizar este tipo de exámenes, puesto que los laboratorios no cuentan con los materiales necesarios para diagnosticar el Hepatozoon canis.
En el caso que se discute, hubo una visualización directa de los gamontes del Hepatozoon canis, lo que facilitó el diagnóstico exacto, pero rutinariamente un paciente como el que se expone, en el cual no exista una visualización directa de los gamontes, sería difícil y virtualmente imposible su diagnóstico, por lo cual y ante la situación que se explicó antes, si un paciente no se encuentra con una alta carga parasitaria o si el personal de laboratorio no lo identifica, no es posible determinar exactamente la presencia del Hepatozoon canis.
En el caso expuesto la carga parasitaria fue bastante alta, ya que se encontraron tres o más gamontes en cada extendido de sangre periférica, lo que es muy inusual y facilitó el diagnóstico. En este caso, en el cual se presentó un cuadro inespecífico, se realizaron exámenes de rutina y extendidos de sangre se pudo identificar el parásito por los bacteriólogos en el laboratorio clínico veterinario de la Universidad de Antioquia, permitiendo que fuera debidamente reconocido este paciente como infectado por Hepatozoon canis, evitando así un diagnóstico incorrecto. Es probable que si el personal del laboratorio no está debidamente capacitado para la identificación de este agente, es posible que muchos caninos no se diagnostiquen correctamente o sean considerados falsos negativos.
Al extraer humor acuoso como parte de la terapia inicial para el manejo del glaucoma agudo, era indudable que este protozooario se alojaba en la cámara anterior del ojo y según la revisión bibliográfica no se encontró reporte alguno de la ubicación del Hepatozoon canis en el ojo de los caninos, situación esta difícil de explicar ya que para que cualquier sustancia y/o materia biótica o abiótica pueda atravesar la barrera hematoacuosa ocular, es necesario el paso por difusión activa o pasiva a través de esta barrera, la cual tiene unos poros de 40 Å y los gamontes de Hepatozoon canis miden 11 μm x 4 μm en promedio (Baneth et al, 2003; Karagenc et al, 2006), lo que hace que sea imposible el tránsito del protozooario bajo condiciones normales.
Según Maggs et al (2008), la úvea es un tejido inmunológicamente competente. Cuando los antígenos oculares son procesados en sitios distantes, los linfocitos sensibilizados migran hacia el antígeno, ingresan en la úvea y se ocupan de la formación de anticuerpos o de reacciones inmunes mediadas por células. La exposición posterior al mismo antígeno redunda en una respuesta más precoz y potente (anamnésica). Esta infl amación recurrente se evidencia con rapidez en el ojo a causa del dolor, congestión e hipermeabilidad vascular. En resumen la úvea actúa como un linfonódulo accesorio.
En la úvea toman lugar fenómenos autoinmunes. El daño hístico previo (p.e una infl amación antigua) libera antígenos uveales específicos normalmente localizados fuera de la ruta de patrullaje de los linfocitos (ubicación intracelular). Estos antígenos fomentan una respuesta inmune en la úvea. Es posible que este sea el mecanismo participante en la uveítis recurrente canina, en la cual puede variar el estímulo incitante (p.e Leptospira sp., Onchocerca sp) (Maggs et al, 2008).
En un proceso infeccioso parasitario como el originado en este caso causa una inflamación aguda que necesariamente altera la estructura del endotelio vascular y por ende la permeabilidad de los vasos sanguíneos uveales, favoreciendo el paso del hemoparásito a la cámara anterior del ojo con las consecuencias anatómicas y fisiológicas locales y sistémicas antes descritas (Herrera, 2007; Peiffer et al, 2002).
La uveítis anterior que presentó inicialmente el paciente le produjo un glaucoma, puesto que la inflamación del iris y los cuerpos ciliares afectó las fibras trabeculares, que junto con las micro o macropartículas exudadas del proceso inflamatorio dentro la cámara anterior, obturaron el trabeculado y la hendidura ciliar favoreciendo la acumulación de humor acuoso (Herrera, 2007).
La presión intraocular por lo general está reducida durante la uveítis. El pasaje del humor acuoso puede amortiguado por alteraciones estructurales que ocurren durante la uveítis, tales como, bloqueo del ángulo con células inflamatorias y detritos, formación de sinequia anterior periférica, infiltración celular del ángulo de drenaje y bloqueo pupilar causado por la oclusión de la pupila (Maggs et al, 2008), dando como consecuencia un glaucoma secundario a la uveítis anterior.
Para el tratamiento de la hepatozoonosis se han utilizado varios medicamentos los más usuales y de uso corriente son el trimetoprim sulfa y el dipropionato de imidocarb. Además de estos, se pueden utilizar el diaceturato de diminaceno, las tetraciclinas, el fosfato de primaquina, toltrazurilo clindamicina o pirimetamina en terapia combinada (Aguiar et al, 2004; Baneth et al, 2003; Mateus et al, 2007) con resultados variables y generalmente no dan la respuesta esperada debido a que no se ha tenido éxito en la eliminación completa del protozoario y a que los pacientes continúan presentando síntomas que se acentúan cada vez más (Baneth et al, 2003).
En el caso que se discute no fue posible evaluar la evolución del paciente, la respuesta de este a la terapia médica instaurada, los posibles cambios en el número de gamontes en frotis directo y en humor acuoso, ni la recuperación del paciente, dada la decisión prematura que tomaron los propietarios del paciente al hacerle aplicar la eutanasia en otro centro veterinario. La necropsia hubiese sido de gran ayuda para el entendimiento patológico de la enfermedad.

Conclusiones
La hepatozoonosis es una enfermedad de difícil diagnóstico. Todo animal que sea llevado a consulta con un problema de uveítis y glaucoma, debe ser considerado sospechoso de estar infectado con Hepatozoon canis, más aún si el paciente no presenta compromiso ocular primario y se han descartado otras patologías compatibles con los signos clínicos que presenta.
La complejidad del diagnóstico de esta enfermedad y ante la imposibilidad de realizar las pruebas diagnósticas señaladas anteriormente, el clínico debe realizar extendidos de sangre y solicitar al laboratorio clínico la posible identifi cación del parásito en la muestra enviada.
Ante la diversidad de signos clínicos y las limitaciones de diagnóstico que se han discutido, es absolutamente necesario que el personal médico y de laboratorio clínico cuente con el suficiente conocimiento sobre esta enfermedad, de manera que se pueda tener una adecuada aproximación al diagnóstico de esta enfermedad. Por lo tanto, es importante establecer protocolos que permitan evaluar la prevalencia e incidencia de la hepatozoonosis que posiblemente puede estar sub diagnosticada en nuestro medio.






lunes, 9 de marzo de 2020

Ehrlichiosis Canina

ETIOLOGÍA: Es una enfermedad de distribución mundial causada por la Rickettsia Ehrlichia canis, que se transmite a través de garrapatas del género Rhipicephalus sanguineus o bien por transfusión sanguínea de sangre infectada. La Ehrlichia no se transmite transgeneracionalmente dentro de las garrapatas pero sí transestadial mente. Es un microorganismo intracitoplasmático que infecta células mononucleares. Hay también otras dos especies de Ehrlichia que producen enfermedad en el perro. La Ehrlichia platys, que infecta las plaquetas provocando la trombocitopenia cíclica infecciosa, y la Ehrlichia ewingii, descubierta recientemente. La infección por Ehrlichia canis en su fase aguda provoca lesiones de vasculitis, aumento de la permeabilidad vascular, formación de inmunocomplejos y complicaciones como la CID. Dependiendo de la inmunidad del hospedador podemos encontrarnos con infecciones subclínicas o crónicas. En estos casos hay una respuesta a la estimulación antigénica persistente, con lo que aparecerán lesiones producidas por la respuesta inmunitaria continuada. En la fase crónica puede aparecer una hipoplasia severa de la médula ósea que puede ser irreversible.

PRONÓSTICO: El pronóstico es bueno en la fase aguda, observándose una mejoría clínica a los pocos días de iniciar el tratamiento. El pronóstico es malo en casos severos de ehrlichiosis crónica.
 SÍNTOMAS: La enfermedad aguda es estacional, presentándose la mayoría de casos en primavera y otoño, época de presencia de garrapatas, aunque la fase crónica de la enfermedad puede diagnosticarse durante todo el año. Los signos de infección aguda son: fiebre, depresión, anorexia, petequias, epistaxis, signos neurológicos, edema escrotal y linfadenopatía. Los signos de infección crónica incluyen petequias, epistaxis, palidez de mucosas, adelgazamiento, depresión, coagulopatía grave, lesiones oculares de uveítis anterior y desprendimiento de retina, dolor articular, cojeras, signos neurológicos centrales o periféricos.
 TRATAMIENTO: Se usa la tetraciclina así como la [doxiciclina]. Especialmente si hay signos neurológicos, debemos tratar con doxiciclina por su mejor paso al SNC, durante 2 a 3 semanas. Las infecciones agudas responden rápidamente y en las crónicas los efectos supresivos en la médula ósea pueden tardar tiempo en normalizarse. También puede utilizarse el dipropionato de imidocarb, repitiendo la aplicación a los 15 días. En ocasiones pueden administrarse corticosteroides como la [prednisona/olona] para tratar el componente inmunomediado de la enfermedad, especialmente en la fase crónica. La prevención debe realizarse con el control de las garrapatas. Los animales curados no quedan inmunizados y pueden volver a infectarse.


Toxoplasmosis en perros: síntomas, tratamiento y pronóstico

Las dos fases del ciclo biológico de la toxoplasmosis incluyen un ciclo enteroepitelial que ocurre exclusivamente en gatos (que son el reservorio principal) y otro ciclo extraintestinal o ciclo del tejido que ocurre tanto en gatos como en otras especies.

La ingesta de quistes tisulares de músculo infectado y de ooquistes esporulados presentes en alimentos y agua contaminada por heces son las principales vías de transmisión. La transmisión transplacentaria también se da en algunas especies.
El perro es un huésped intermediario cuyo contagio se suele dar a través de las heces de gato infectadas mediante la coprofagia de éstas o frotándose en ellas. Las heces ingeridas con ooquistes de T. gondii pueden permanecer después de su ingestión en las heces del perro de forma viable para su transmisión mediante la esporulación 11. 
Después de la ingesta de quistes o ooquistes, estos parasitan las células de la mucosa del tracto digestivo, se diferencian en taquizoítos y se multiplican para diseminarse por vía sanguínea o linfática afectando a órganos inmunoprivilegiados. Una vez en el tejido del órgano los taquizoítos se diferencian en bradizoitos dentro de las vacuolas parasitarias, que acaban convirtiéndose en quistes intracelulares. Estos quistes tisulares pueden persistir de por vida en el parasitado de manera latente pudiendo desarrollar una reactivación intermitente de estos quistes tisulares, normalmente sin presentar sintomatología.
En la mayoría de los casos se desarrolla una respuesta inmunitaria que resuelve la infección aguda. Los perros inmunodeprimidos tienden a presentar sintomatología y  mayores complicaciones debido a que sufren una mayor infiltración celular lo que conlleva a una mayor necrosis celular y a una reacción inflamatoria aguda. La mayoría de los casos con presencia de sintomatología se dan en perros menores de 1 año de edad (inmunodeprimidos a causa del proceso de maduración del sistema inmune).
El pronóstico es variable dependiendo del la localización y la gravedad de las lesiones, siendo peor en los casos cuya afectación sea a nivel del sistema nervioso central. Las presentaciones cutáneas son extremadamente raras.
La localización del tejido dañado determina los signos clínicos y la severidad de la infección. Si el parásito se adquiere mediante la ingesta de ooquistes o quistes tisulares los signos gastrointestinales inicialmente serán producidos por la destrucción local de los taquizoítos seguidos de los producidos por la propagación sistémica organoespecifica. El sistema neuromuscular, intestinal y respiratorio son los más afectados en el perro por lo que los signos asociados a esta patología son: temblor, convulsiones, letargia, descoordinación en la marcha, debilidad muscular, parálisis, fiebre, pérdida de peso, vómitos, diarrea, dolor abdominal, dificultad para respirar, ictericia, etc.
CICLO BIOLÓGICO DE LA VIDA DEL TOXOPLASMA:
Ante la presencia de signos clínicos el tratamiento de elección es la clindamicina con posología de 10-40 mg/kg/día vía oral. Se administra durante un mes y proporciona un rápido control de la sintomatología, excepto en caso de afectación del sistema nervioso central cuya recuperación es más lenta. En perros se puede utilizar trimetoprim como alternativa de tratamiento.
En nuestra plataforma de e-learning podrás encontrar recursos útiles e interactuar con otros veterinarios.
1) CANO-TERRIZA, D., PUIG-RIBAS, M., JIMÉNEZ-RUIZ, S., CABEZÓN, Ó., ALMERÍA, S., GALÁN-RELAÑO, Á., ... & GARCÍA-BOCANEGRA, I. (2016). RISK FACTORS OF TOXOPLASMA GONDII INFECTION IN HUNTING, PET AND WATCHDOGS FROM SOUTHERN SPAIN AND NORTHERN AFRICA. PARASITOLOGY INTERNATIONAL, 65(5), 363-366.
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jueves, 5 de marzo de 2020

QUE PUEDE COMER UNA MASCOTA CON GASTROENTERITIS

La gastroenteritis es una enfermedad muy conocida para los humanos que también puede ser padecida por nuestras mascotas en casa. Usualmente los perros manifiestan esta condición después de ingerir plantas o alimentos tóxicos para ellos, lo que ocasiona inflamación estomacal e intestinal y los molestos síntomas que la acompañan. Aunque algunas razas como el pastor alemán o el boxer son más propensos a padecer esta condición, cualquier perro sin importar la edad puede sufrirla. La alimentación es esencial para garantizar que nuestro animal mejore, por eso  te explicamos qué puede comer un perro con gastroenteritis para acelerar la recuperación de tu mascota.



Causas de la gastroenteritis en perros



Una vez que tu perro ha sido diagnosticado por el veterinario con gastroenteritis, es muy importante entender las causas de esta enfermedad para evitar que se repita. Además de las plantas y alimentos tóxicos que pueden generar inflamación en el estómago y el intestino de tu mascota, hay otros hábitos que pueden conducir a esta enfermedad:
  • Comer basura o alimentos descompuestos, es muy importante que eduques a tu perro para evitar que lo haga.
  • Comer alimentos crudos o mal preparados que puedan contener bacterias que causan la enfermedad. Lo mejor es que tu perro lleve una dieta en base a pienso y comida especial para mascotas, si optas por cocinar su propia comida debes asegurarte que las carnes estén siempre bien preparadas y que sean adecuadamente manipuladas.
  • Comer juguetes u objetos extraños, evita que tu perro lo mastique todo y si está en el proceso de dentición compra juguetes adecuados para evitar las molestias y garantizar su salud.
  • El contagio con bacterias u hongos también pueden ocasionar esta enfermedad.

En casos de gastroenteritis común, evita alimentarlo

La gastroenteritis en perros común no representa un peligro para la vida de tu animal, pero es importante cuidarlo bien para que se recupere pronto y para evitar cuadros severos de deshidratación. El diagnóstico de un veterinario resulta importante, pero si no es la primera vez que tu perro sufre de esta condición seguramente ya sabrás reconocerla y podrás actuar.
Es importante que durante los dos días siguientes al episodio evites alimentar a tu perro, de este modo garantizas que la inflamación del estómago e intestino se reduzca y los síntomas desaparezcan. Aunque no le des alimentos sólidos sí debes hidratarlo y nutrirlo como te explicamos en el siguiente paso.

Hidratación constante

Un perro con gastroenteritis tiene que mantenerse adecuadamente hidratado, pues los vómitos y la diarrea ocasionan la pérdida de líquido y sales minerales que pueden poner en riesgo la vida de tu mascota. Es posible que el veterinario hidrate al animal por vía intravenosa, pero en casa tú también debes aportar los cuidados necesarios, por eso te recomendamos que:
  • Tengas al alcance de tu liquidos como suero de sales de rehidratacion oral preparados con agua hervida en sus recipiente, cámbiala dos veces al día para incentivar al animal a beber.
  • Si tu perro no desea beber agua, ofrécele cubos de hielo para que los lama, esto lo ayudará a estar hidratado.
  • Añadir un poco de azúcar al agua también ayudará a atraer a tu mascota e incentivar a beber.
  • Para nutrirlo e hidratarlo puedes preparar un caldo de Verduras sin proteínas ni carbohidratos casero con agua, verduras, y zanahoria, sin sal, ni ningún condimento.  Cuela el caldo,  para dárselo al animal más adelante, y sírvelo en su recipiente donde el toma agua.
Si el perro muestra signos de deshidratación severa, deberás llevarlo al veterinario de forma inmediata.

martes, 3 de marzo de 2020

GASTROENTERITIS HEMORRÁGICA EN CANINOS

La gastroenteritis hemorrágica es una forma aguda de diarrea sanguinolenta y vómito que ocurre en los perros. La diarrea causa la pérdida de grandes cantidades de agua del cuerpo, lo que resulta en una deshidratación severa.
Cantidades sustanciales de sangre también pueden perderse en el tracto gastrointestinal (intestino), que puede ser una afección grave y potencialmente mortal si no se trata.
La causa en perros no está bien definida, algunas enfermedades virales (parvovirus canino, coronavirus canino) y parásitos (tricocéfalos) pueden causar signos similares, pero se piensa que está gastroenteritis surge independientemente de estas condiciones.
Se piensa que el estrés, la ansiedad y la hiperactividad son posibles factores contribuyentes en muchos casos de gastroenteritis hemorrágica canina.
Investigaciones recientes indican que puede ser una reacción alérgica (comida o inhalado). Los parásitos intestinales y las bacterias también pueden ser causas. Los perros que experimentan gastroenteritis hemorrágica pueden ser más propensos a desarrollar nuevamente la enfermedad en el futuro.
Algunos estudios han sugerido la participación de ciertas toxinas bacterianas (comida mohosa), pero en la mayoría de los casos no se encuentra ninguna causa.
Las razas pequeñas de perros se ven afectadas más comúnmente que los perros de razas grandes.
Los perros jóvenes (de mediana edad 5 años), pequeños y de raza de juguete (Yorkshire Terrier, Pinscher miniatura, Schnauzer miniatura, Poodle miniatura, Maltés) están sobrerrepresentados. No se ha identificado ninguna predisposición sexual.  El signo clínico más común es una diarrea severa que es notablemente sanguinolenta, por lo que la enfermedad se llama gastroenteritis hemorrágica, vómitos también se presentan.
Los signos clínicos se desarrollan rápidamente y los perros afectados pueden tener una temperatura corporal por debajo de lo normal y escalofríos.
La piel puede sentirse seca y algo espesa debido a la deshidratación. Las encías a menudo son secas y pegajosas al tacto, y pueden ser de color oscuro y rojo «ladrillo».
El médico veterinario recomendará pruebas de laboratorio para medir el grado de deshidratación, buscar otras enfermedades que causen signos similares y buscar afecciones complicadas, como insuficiencia renal (causada por la deshidratación)    Se pueden realizar pruebas para buscar parvovirus canino y parásitos intestinales. También se pueden recomendar otras pruebas de laboratorio y radiografías.
Las pruebas de detección rápida incluyen la medición del volumen celular empaquetado (PCV) y la proteína total (TP). Los perros con gastroenteritis hemorrágica generalmente tienen una PCV alta con una TP normal, mientras que los perros con deshidratación por otras causas generalmente tienen una PCV alta y TP alta. Esta distinción es muy importante para hacer el diagnóstico.
Los pacientes con gastroenteritis hemorrágica necesitan terapia intensiva, porque a menudo están severamente deshidratados, que puede llevar a la falla de los riñones, el hígado y el corazón.
La mayoría de los pacientes requieren hospitalización por fluidoterapia intravenosa para reemplazar los líquidos perdidos y mantenerse al día con las pérdidas continuas de líquidos por la diarrea.
Los perros pueden deteriorarse muy rápidamente y pueden morir dentro de las horas posteriores al inicio de los signos clínicos si no reciben el tratamiento adecuado.
Con frecuencia reciben antibióticos (como ampicilina, enrofloxacina o metronidazol) para combatir la posible infección intestinal secundaria. La terapia adicional puede incluir protectores gastrointestinales y medicamentos contra el vómito.
La comida a menudo se retiene hasta que se resuelve el vómito. La hospitalización puede continuar por al menos 1-2 días hasta que el perro comience a comer.  La atención de apoyo con antibióticos, soluciones de electrolitos y medicamentos antiácidos también se proporcionan comúnmente durante este tiempo.
Si los niveles de proteína corporal disminuyen a partir de la pérdida severa de sangre, se pueden recomendar soluciones coloidales intravenosas especiales o transfusiones de plasma.
Es posible que se requiera un control intensivo de los signos vitales (como la frecuencia cardíaca, la producción de orina, la temperatura corporal y el peso corporal) y pruebas de laboratorio para los perros gravemente enfermos mientras están hospitalizados.

Para la mayoría de los perros se recomiendan las pruebas seriales de PCV, TP y electrolitos. Los perros que sobreviven a la crisis inicial y responden a la fluidoterapia generalmente se recuperan rápidamente y es posible que no necesiten más visitas de seguimiento después del alta.   Si se producen complicaciones como la reducción de la función renal, a menudo se necesita visitas de seguimiento y monitoreo o pruebas repetidas.
La gastroenteritis hemorrágica es una enfermedad extremadamente grave en perros pequeños, y sin tratamiento su pronóstico es reservado.
Con el tratamiento adecuado, el pronóstico aún es incierto en algunos perros, dependiendo de qué tan deshidratado estaba el perro al comienzo del tratamiento. Incluso con la mejor atención intensiva, algunos perros mueren de esta enfermedad.
Los perros que sobreviven las primeras 24 horas de tratamiento tienen un buen pronóstico. Las recurrencias son posibles en algunos perros en una fecha posterior.   

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Veterinaria Dr. Leonardo Vargas, al servicio de sus mascotas.



Hola soy Leo Vargas, medico veterinario de mascotas de compañía, si me acompañan a lo largo de cada mes,aprovecharemos para ir aprendiendo sobre los cuidados y la salud de nuestros amados peluditos de casa, toda lo que pueda enseñarles sobre la tenencia de las mascotas lo veras acá con la Veterinaria Dr Leo Vargas Méndez,gracias.